jueves, 1 de enero de 2009

ACTOS DE PIE

Cuando el acto es multitudinario y gira en torno a un punto concreto, ya sea una presidencia o un escenario, y los invitados deben permanecer de pie, somos partidarios de evitar una excesiva protocolización del público, entre otros motivos, porque es imposible de cumplir y muy difícil exigir la permanencia en un sitio.
Únicamente estimamos que el anfitrión ordena la presidencia y concede una ubicación especial a la corporación anfitriona o a aquellos invitados que desee destacar, ya sea en función a su rango o a su carácter de invitado especial o de honor. En este caso, establecerá un protocolo para ese reducido número de personas, pero concederá libertad de colocación al resto aunque puede asignar espacios por grupos similares o corporativamente, si procediera.
No es bueno ni recomendable que la presidencia dé la espalda a ningún invitado, por lo que generalmente aquélla suele colocarse aprovechando el fondo del salón con el fin de que todos los invitados puedan verlos de frente.
Si el número de invitados es elevado, resulta recomendable establecer algún sistema que facilite el protocolo fijado por el anfitrión. Muchas veces los profesionales de la organización de actos reservan distintos sitios que luego, en la práctica, no son ocupados por el invitado, pese a estar presente. Ello se debe seguramente a que a este invitado seguramente no se le ha dicho nada al respecto. Por ello, el jefe de protocolo debe procurar que unos días antes (si es posible), y a la llegada del personaje en cuestión se le informe con detalle. Así, de este modo, cuando el acto se inicie (momento en el que el jefe de protocolo suele preocuparse más de la presidencia, los micrófonos, las luces, etc.), los invitados con sitio especial se dirigirán al mismo sin dilación. No obstante, además es recomendable que los auxiliares de protocolo (azafatas, secretarias, etc.) se ocupen de garantizar el cumplimiento de lo previsto en estas zonas protocolarias especiales.
Los actos de pie sólo se recomienda efectuarlos cuando forman parte de un programa mayor que exige el paso por distintos emplazamientos o locales (por ejemplo, la inauguración de una fábrica que se supone previamente ha sido visitada); o si son breves y al término de los mismos la presidencia se acercara a los invitados a departir con ellos mientras se acompaña con un aperitivo o similar. Si se le quiere dar carácter de solemnidad debe celebrarse en la mayoría de los casos sentado.
La celebración del acto de pie tiene la ventaja frente al sentado que el propio local pueda ser utilizado como zona de encuentro entre el anfitrión, autoridades e invitados, sin que ello se vea incomodado por silla alguna. Facilita más libertad de movimiento al invitado y la organización nunca queda en entredicho si la concurrencia fuera menor o mayor a la prevista.
Ahora bien, en este tipo de acontecimientos, la presidencia debe situarse sobre un pequeño estrado elevado (al menos 30 centímetros) para facilitar la visión de todos y disponer de una nítida megafonía (pues hay una mayor tendencia en estos casos a que los invitados murmuren, especialmente los más rezagados).
Hay otros actos de pie típicos que no tienen una presidencia claramente definida como el descubrimiento de una placa conmemorativa.
Todos ellos se resuelven basándose en la referencia de una zona de presidencia, una o dos zonas especiales para corporaciones anfitrionas, autoridades o invitados de honor y otro gran espacio para el resto de invitados.
Hay también otros casos especiales en los que no existe una presidencia definida por distintos motivos, por ejemplo, la firma de un documento entre varios organismos públicos y diversas asociaciones, donde se ha acordado que nadie presida y que en el estrado únicamente se coloque la mesa de firmas.
Cada acto, pues, hay que contemplarlo a la hora de organizarlo en su propio contexto, aplicando las soluciones más razonables de acuerdo a la filosofía del mismo y procurando que todos los asistentes tengan un trato correcto y se encuentren lo más a gusto posible.
Para los actos de pie de muy poca concurrencia de asistentes, lo más recomendable es prever la ubicación de los invitados, pues la presencia de estos es más notoria y a buen seguro que se encontrarán más cómodos si se les indica el lugar correcto o adecuado.